
Ecuador es uno de los destinos de viaje más eficientes de América del Sur. En un país más pequeño que la mayoría de sus vecinos, es posible moverse desde los Andes hasta la Amazonía y la costa del Pacífico en pocas horas. Con las islas Galápagos como añadidura, el país ofrece una variedad de paisajes y experiencias que en otro país tomaría semanas recorrer. Ecuador premia los itinerarios bien planificados y compactos.
Ubicadas a aproximadamente 1.000 kilómetros de la costa ecuatoriana, las Galápagos son uno de los destinos de vida silvestre más extraordinarios del planeta. Los animales aquí evolucionaron sin depredadores naturales, lo que significa que muestran casi ningún temor a los humanos. Lobos marinos, iguanas marinas, tortugas gigantes y decenas de especies de aves endémicas pueden observarse de cerca. La mayoría de las visitas combinan un crucero con desembarcos en distintas islas del archipiélago.
Islas Galápagos


La capital de Ecuador se asienta a 2.800 metros en un largo valle andino y posee uno de los centros coloniales mejor conservados de América Latina, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978. El centro histórico es compacto y recorrible a pie, con iglesias, conventos y plazas que han cambiado poco desde la época colonial española. Los alrededores ofrecen excursiones de día a mercados, volcanes y el monumento a la mitad del mundo.
Quito


Ecuador ofrece algunos de los puntos de acceso más convenientes a la cuenca amazónica en toda América del Sur. Desde Quito, un vuelo corto o un recorrido panorámico por carretera lleva hasta zonas de lodges en el Parque Nacional Yasuní y reservas aledañas. La biodiversidad es excepcional, y operaciones de lodge bien gestionadas permiten vivir una experiencia auténtica de selva sin sacrificar comodidad ni seguridad.
La Amazonía




